viernes, 9 de diciembre de 2016
Relatos Populares de Huiscapi
miércoles, 1 de junio de 2016
TRAVESÍA Cayapu
Diaporama documental sobre la travesía de los artistas Eduperto y Loreto González en busca del origen americano del concepto Cayapu, desarrollado por Eduardo Pérez Tobar. Video & fotografía: Eduardo Pérez. Editor vídeo: Raúl Rodrigo Venegas, Músico, compositor e intérprete: Mauricio Vicencio Alquinta.
sábado, 16 de abril de 2016
“Punta de Rieles” Crítica de la obra de teatro de Mauricio Roa

“El hombre nacido de mujer, corto de días y harto de sinsabores; que sale como una flor y es cortado, y huye como la sombra, y no permanece.” (Job)
Recuerdo que este epígrafe que antecede al cuento “Un espíritu inquieto”, me evocó al cañón de emociones del cual fui blanco a la salida de la obra “Punta de Rieles". Mauricio Roa Lucero se atreve con gallardía, al basar una puesta en escena del maestro Manuel Rojas. La simpleza del lenguaje del literato, propone una magna tarea resolver al extrapolarse a cualquier otra disciplina, incluso la deconstrucción misma de la obra como texto, o del análisis como obra. Insistiendo en la simpleza - don magnánimo que difícilmente dejaré de admirar como comunicador - el máximo logro de la obra de Roa, se ve simbolizado en magníficos detalles en los cuales gastaré su tiempo, lector paciente.
Quienes hemos leído a Rojas, y reconocemos el epígrafe mencionado, recordamos que la ficción e imaginario del premio nacional de literatura, nos invita a caminar por una ciudad real, diegética se podría definir con precisión, mas el juego propuesto por los protagonistas, nos elude hacia el más allá, el mundo de los muertos; y lo interesante aquí es el cómo se abandona el estadio del limbo hacia un destino que quizás el autor nunca nos quiso develar. Como en “Punta de Rieles” de Roa, la invitación a un pasado - que damos por hecho real y diegético - entendemos el momento de los dos protagonistas. Inteligente es el autor al no poner como premisa el conflicto entre los hombres, es el conflicto de cada hombre con su propio destino, y con su propio pasado. Preferí no releer la obra original de Manuel Rojas antes de asistir a la obra, ni aún menos al garabatear este escrito, y no se crea que por defectos ni por la desatada miopía que imponen las fiestas patrias; al contrario, solo por el único placer de dejarme impresionar (en el mejor de los casos) frente al texto interpretativo de un dramaturgo que hoy reconozco en Roa.
Volviendo al plató, me detendré en otro detalle: El círculo. Perfección geométrica que inspira hasta el más insensible bípedo sapiens moderno, contiene el centro de la atención en la obra de Roa. Es sutil y violento, propuesto como escenario no debería dejar indiferente a ninguno de los testigos de la obra, y pecaré de soplón al enfatizar que el movimiento inscrito en el perímetro de la figura escenográfica, impone un interesante conflicto entre la extradiégesis y el espectador más crítico. Es un desafío técnico no menor resuelto con elegancia, y no solo eso, sino que con propuesta dramática y narrativa. En un momento pensé que la estructura sucumbiría, y quizás mi lado más bizarro y perverso así lo deseaba, pero incólume y estoica, prevaleció. Al no ser una obra breve, y menos una obra estática, es notorio el concienzudo y delicado trabajo de diseño. Es una obra circular, que no termina como empieza, ni donde el espectador no saldrá como ingresó a la sala.
De los actores debo declararme menos objetivo que todo dicho anteriormente. Luis Dubó es uno de mis preferidos siempre en las tablas y más aún en el cine, quizás no logre estar a la altura de su magnánima y sensible interpretación, por ello solo diré que siendo un papel complejo y distante de referentes a nuestra actual contingencia de vida, modernidad y comodidades de por medio, Dubó alcanza momentos que sobresalen aún fuera del mencionado círculo, con un manejo técnico perfecto, reflejado hasta en la más pequeña saliva expulsada de su vociferante discurso social. Luego, otro deleite sorprendente fue el del joven Etienne Jean Marc. Desconocido en mi pobre bagaje por las tablas, mi curiosidad por este actor se convirtió rápidamente en admiración, antes del primer acto ya estaba rendido ante sus atributos técnicos, y pronto ante su espíritu y energía sobrecogedora. Sin duda que Mauricio Roa eligió con mucha acertividad al este singular "parcito". Y ese es otro de los méritos del dramaturgo.
Al estreno de la obra, en Matucana100 a tablón vuelto, asistí acompañado de todos los prejuicios que una obra “basada en...” merecen y me son propios, como muchos otros defectos que no me enorgullecen. Hoy con la distancia del tiempo, decantación del mensaje y del contenido que fueron regalados en este cañón de emociones, me retracto feliz y lo comparto, con el espíritu de ampliar esta emoción y hacer común una experiencia que Mauricio Roa construye con la simpleza de la palabra, herencia intelectual del maestro Manuel Rojas.
Raúl Rodrigo Venegas
Chillán, septiembre 16 de 2016.
