sábado, 8 de octubre de 2016

Carta de despedida a José Patricio Ayala Ramos



Carta de despedida a José Patricio Ayala Ramos

Quiero apoyar a la familia de mi amigo y hermano José Patricio, en este momento de inmenso dolor, donde el ahogo de la pena les impide que afloren las palabras. Gracias por entregarme esta sentida misión, tía Marta, tío Marco, Nono Marco y la pequeña Belén.

Voy a intentar ser tan efectivo y seguro como Patito me enseñó. Nada de fácil acuñar un mensaje para despedir un amigo, un patner, yunta y hermano de la vida.

Humildad. Ese concepto fue el pilar y filosofía de vida en la existencia de Patito. Me remonto al primer recuerdo al iniciar la década de los ochenta, en estos mismo barrios y plazas de la Bename en Macul, donde el pequeño Patito conoció los primero amigos, las primeras pichangas, juegos, dolores y también amores. Cuántas pequeñas aventuras, diversos avatares y risas simples, que hicieron de quienes crecimos junto a él, seres felices, plenos, ¡una infancia maravillosa! Estábamos en una burbuja, de la cual Patricio fue muy consciente. Pero fue aquí, en esta villa donde él creció, ligó amigos, y se formó como la íntegra persona que muchos conocimos.

El colegio fue otro aporte en el devenir de este muchacho, gran parte de su formación en el Colegio San Marcos y otras grandes enseñanzas en sus Scouts. Como el Patito siempre fue tenaz, nada se le hizo tan difícil como para no lograrlo. Y aquí su cúmulo de amigo se vuelve a enriquecer. Su bajo perfil le retribuyó con la ausencia de incidentes en su vida, ni mayores ni menores, siempre coherente con esa búsqueda del equilibrio contenido en la palabra humildad.

Y bueno, el Patito creció.

En sus estudios universitarios aparecieron nuevos desafíos. Fui testigo directo junto a nuevos amigos de los esfuerzos y responsabilidades que el Pato asumió, muchas de las veces con una madurez que nos superaba a todos: otra enseñanza. Nunca faltó a una prueba y siempre entregó todos sus trabajos. A esta altura el amplio círculo de amistades ya había cubierto todas las páginas de su libreta de direcciones.

El Fútbol. Otro gran hito en la vida del Pato, como hincha y deportista. El Colo-Colo una pasión originaria y visceral; cuántos paseos al estadio regresando la mayor de las veces con más alegrías que penas. Y como arquero, consolidado portero en cada uno de los equipos de los cuales participó, indiscutible en su puesto, consagrado atajando un penal en un decisivo encuentro como visitantes con Unión Quilín FC. Sus clubes de antaño: los Patecabra, los Porros. Aquí se manifiesta lo hermoso del deporte y lo tanto que él lo amaba. Y su última incursión, en artes marciales modernas: Taekwondo. Un aguerrido muchacho.

Ya enfrentado a la vida, de inmediato Pato se planteó grandes metas: otra nueva sabiduría de un amigo. Sin miedo, sólo con decisión y convicción, elementos suficientes para este gran niño-hombre. Esforzado en su trabajo, apasionado por su quehacer: opinión unánime. Patricio generó un amplio circuito laboral, donde le fue imposible desplazar los lazos formales de la amistad. En cada lugar donde le conocieron no pudo pasar desapercibido, por mucho que él quisiera, siempre quedaba con un teléfono, un nombre, un conocido que muchas veces se transformaba en amigo. ¿A cuántas personas habrá ayudado en su vida sin interés alguno? Inestimable. Un verdadero Fan de la amistad, como lo escuché de labios de un viejo conocido.

Lecturas de I-Chin, percepción de energías, mística y filosofía oriental, sus pasiones más íntimas que me atrevo a develar. Otro cuento son los ovnis, el animé y starwars. Se me quedan afuera tantos detalles, tantos momentos...

Sin duda que una carta no es suficiente tributo, es simplemente el título de su libro, para describir la vida de este joven que nos deja. Sé también que hay muchas historias en cada uno de quienes lo conocieron en estos cuarenta y un años, y sólo quiero pedirles que guarden esos recuerdos, con la energía y actitud que Patricio nos pidiera: Atesorar su sonrisa, sus palmadas en la espalda, sus abrazos entrañables con su mensaje que nos dejaba siempre algo para pensar. 

¡RUDO! Diría sin dudarlo Patricio Ayala.

Nos dejas y se me agotan la vacuas palabras.

Hasta siempre querido amigo, hasta siempre Pato querido.

Santiago, 2016 octubre 9.