viernes, 19 de junio de 2020

Construyendo una escuela de cine en Ñuble

por Raúl Rodrigo Venegas




Alteridad viene del latín alter que significa "otro", y por tanto se puede traducir de un modo menos opaco como otredad.

Construyendo una escuela de cine en Ñuble.

¿Por qué construir una escuela de Cine en Ñuble? Frente al enunciado y formulación de la pregunta no puedo menos que ir a la epistemología de la necesidad, de la solicitud. El cine es lenguaje y por ello me remitiré a algunos conceptos claves en este sentido.

La formación en el lenguaje en su forma más pragmática, vale decir, hablado, leído y escrito, es la base del conocimiento de la enseñanza formal. Sin embargo dentro del intrincado mundo codificado de la lingüística, aparece este nuevo lenguaje, cinematográfico primero, audiovisual después, que hace un poco más de una centuria está creando su propia forma, ajustándose a las tecnologías, temas y contenidos. “El lenguaje está vivo”, y no solo la lengua y lenguaje; visitar la estructura que sostiene el código y el lenguaje audiovisual nos hará más lúcidos del mensaje explícito y del contenido subyacente en todo texto / obra.

La experiencia audiovisual crea una forma de entender el mundo a partir de lo que se muestra y cómo se muestra, forma y contenido en semiótica. Por ello conocer el interés del emisor también es pertinente para nosotros como espectador, la mirada crítica permite ampliar el conocimiento en un tema general y en objetivos específicos en lo particular. Por ello la intencionalidad del mensaje también es susceptible de análisis y descripción desde la nomenclatura audiovisual.

El cine como arte puede llegar a transmitir no solo valores estéticos, también valores morales, como la empatía, el principal nivel de identificación del cine, esa alteridad o capacidad de percibir, compartir, inferir en los sentimientos, pensamientos de los demás, reconociendo al otro como similar, como un par. He aquí uno de los atributos más importantes en la socialización de mensajes a través de una expresión artística.

Los programas de inclusión temprana en la escolaridad básica y media, los cine club, festivales de cine y promoción del audiovisual en la cultura popular por todo medio electrónico y digital, son un fomento y difusión de estas herramientas para quien quiera leer el audiovisual consciente de la complejidad del mensaje visto a través de la mirada crítica y develadora del conocimiento.

Pero la alfabetización audiovisual, el lenguaje, solo sería la primera etapa para un plan mayor: construir una escuela de cine en Ñuble. Pero ¿por qué y para qué? Hablar hoy de Escuela en Ñuble, sería nada más que hablar de experiencias menores, aisladas en la región. Planes sistemáticos de promoción del cine a nivel escolar difícilmente logran un impacto de unas cuantas decenas de beneficiarios anualmente. Conocer la realidad de iniciativas formales en detalle, es parte de este primer paso. Hablar de Escuela como locación de producciones / películas emblemáticas, tristemente Ñuble no entra en esta categorización, salvo por la aclamada “El Chacal de Nahueltoro” (Miguel Litín, 1969) y no más de una decena de películas chilenas. Escuela como semillero / cuna de realizadores destacados, el catastro actual habla de una docena de realizadores activos, donde destaca AFA, Tomás Alzamora, Patricio Valladares y Sebastián Lelio. Ninguno de ellos con alguna producción local en proceso.

Creo que la acción inicial debe ir en el desarrollo del cine escolar, implementar una cobertura regional (nacional en el mejor de los casos) que busque la divulgación de estos contenidos más allá de una clase de educación artística o de tecnología y que sea incluido en los programas formales de educación lectiva.

Las experiencias de democratización del cine como el programa Cine en Curso / Cinema en curs (Cataluña), que se basa en la metodología de transmisión del cine que Alain Bergala desarrolla en su “Hipótesis del cine”, que básicamente es aprender a ver. “Hacer cine no consiste solo en asimilar una gramática de las imágenes, sino aprender a mirar el mundo y a explorar y disfrutar de los recursos y las múltiples posibilidades expresivas del cine. De este modo, si el encuentro con este tipo de cine no se produce en la escuela, hay muchos niños para quienes es muy probable que no se produzca jamás”. Por ello la importancia poner atención y foco en el instante en que el audiovisual como conocimiento, entra en los procesos educativos.

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RR

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